
Premios Pulsar: Cuando el mérito no da rating
Por Celeste Martin
Este 2 de julio se vivió la primera ceremonia de los Premios Pulsar, donde se contemplaron 15 categorías que quedaron “fuera” de la ceremonia principal, en desmedro de unos amplios 90 minutos de “alfombra roja” para destacar la llegada de los artistas a la segunda ceremonia, que sí será televisada. Digo en desmedro, porque anteriormente, las categorías que quedaron fuera, si bien no se televisaban, se entregaban los premios «a la rapidita», pero existían todos en la ceremonia. Esa coexistencia hoy ya no existe. Y aunque Pulsar haya tenido anteriormente alguna edición con ceremonias separadas, lo tradicional era lo primero: todos juntos.
Pues en SCD Egaña sucedió lo mismo, pero en chiquitito. No, no lo digo con desidia, pero esta división de ceremonias no es solo una decisión de “industria”, directivas, etc. También hay responsabilidad compartida con los medios de comunicación más grandes.
Por supuesto que TVN prefiere ver la llegada de Cancamusa o qué se va a poner Jere Klein (no es nada contra ellos), que mostrar a los ganadores de categorías como Música de Raíz, Fusión o los ganadores de la categoría Mejor Artista Metal, que es lo que me convocó específicamente aquel día.
Dejando de lado el desagraviado tono que deja esta separación de ceremonias, hago una reflexión que se sintió en los días previos. Existía una idea que rondaba: “queremos darle un premio de una mejor manera, pero hay que conformarse con esto”, como dejando entrever que una industria A, muy bien atendida y con mayor visibilidad (como si la necesitaran), es mejor que esta designada industria B. E innegablemente, una se pregunta: ¿cómo vamos a poder llegar a un trato igualitario si todos los que actúan alrededor, y los medios masivos, no salen del ostracismo con el que toman decisiones? Esta es una crítica muy personal, y espero se tome de forma constructiva, porque las intenciones están, pero al parecer hay otras cosas que no se transan, y es inevitable cuestionarse: ¿por qué solo unos sí?
No me quiero poner latera con el tema de los números, pero si la industria solo se “construye” desde resultados grandes —entradas que profitan buenas lucas, millones de reproducciones o ganancias abultadas en ventas de tickets de artistas que no necesitan tanta “ayuda” para eso—, ¿por qué esta industria trabaja para que exista una subindustria?
Hoy en día hay artistas talentosos que llegan a números y, ¿con qué nos topamos? Obstaculización: agencias con muchos recursos que tienen tomados prácticamente todos los espacios, medios que no responden correos o WhatsApps a propuestas de pautas buenísimas (aunque digan «no alcanzamos a verlos todos», al menos que tener un Pulsar ayudara con eso). Te encuentras con grupos de medios o periodistas “estrella” que no pescan; algunos se vetan entre ellos, egos por todos lados. ¿Y dónde diablos queda la música, el artista, en esta dinámica?
Los artistas, sobre todo aquellos que buscan salir de lo emergente, están desprovistos de industria, o en manos de una deficiente, pero que ven que funciona perfecto con quienes entregan grandes regalías… Si hablamos de vuelta de favor, ¿qué sucede después del Pulsar? Para algunos es la palmadita en la espalda, el abrazo, la foto y para la casa.
¡Realmente ayudaría que una banda emergente que lo gane pudiera ser atendida en alguna pauta de TV o radio masiva para salir de la lucha constante que significa emerger y vivir de la música! Es tan sencillo. ¡Las comunicaciones son para conectar audiencias! Muchos medios emergentes tratan y tratan, y ayudan mucho. Pero los ausentes siempre son los más grandes. Ahí, el rol del Pulsar, con el prestigio que le precede, debería poder pesar más. ¿Qué se puede hacer ahí?
Ojalá tuviéramos más casos exitosos. Pero el “premio” o “reconocimiento” de la industria me confunde, y confunde a muchos. Para un artista que es un trabajador de las artes y la cultura, ser reconocido es bacán, pero no tanto por el aplauso, sino por las puertas que se podrían abrir, los puentes que podrían usarse.
Imagínate: una banda como All Tomorrows, ganadores de la categoría Mejor Artista Metal, trabajando años para sacar un disco excelente, en un contexto de competencia reñida (porque cada nominado presentó excelentes trabajos, de exportación), reciben el Pulsar mientras se transmite por internet, en un streaming con muy poca difusión. Este es un ejemplo excelente para ahondar en la importancia y relevancia que tienen las oportunidades.
Ahora que hay un grupo de “Industria B”, donde hay que pelear para que les den el mismo trato que a los de la Industria A, desmotiva.
Con respecto a las cosas positivas, el trabajo de SCD por sacar esta ceremonia estuvo impecable para los artistas. Sí tuvieron su alfombra roja, participación de muchos medios digitales y emergentes, posaron para fotos destacadas y pudieron recibir su premio en tranquilidad. Una de las buenas decisiones de la jornada fue la de no avisar nada a los ganadores hasta el final: eso le subió el ánimo a la celebración.
La fraternidad tácita de todas y todos los invitados, de este grupo, hizo especial la noche. Me saco el sombrero con la categoría Metal nuevamente, porque representa un género que le llena los bolsillos a las grandes productoras cuando ofrecen conciertos de la onda, pero invitan teloneros y no hacen asco a usar cualquier resquicio legal para no pagar como corresponde, para abusar con los Derechos de Autor. Todo “muy a lo Karol Dance”, donde muchos medios también se quedan en silencio para no perder la acreditación, porque los conciertos grandes son su razón de ser.
Repito: no es desidia, es crítica que busca construir y encontrar caminos en conjunto para mejorar las condiciones de las industrias culturales.
Falta mucho. Hay que mejorar esto. Los artistas deben tener el mismo trato y la misma oportunidad de ser vistos, para que esta conmemoración tenga sentido para todos.
Tomar la crítica y las buenas ideas, porque en la colaboración está el futuro.
Escuchen los discos.
Fotografía por Sebastián López
En la foto Idea Blanco
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