10 años de una promesa rota: La ley del 20% de música chilena no se cumple, no se fiscaliza y no hay responsabilidades.

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A una década de su promulgación, un reportaje en The Clinic evidenció que la normativa que buscaba fortalecer la presencia de la música nacional en la radio carece de sanciones efectivas y de una fiscalización clara.


A diez años de la entrada en vigencia de la Ley N° 20.810, que exige a las radios emitir al menos un 20% de música chilena, las cifras revelan una realidad decepcionante: 4 de cada 10 emisoras no cumplen con el mínimo legal y no se han cursado sanciones. Según datos de la SCD, aunque en 2024 el promedio de música nacional llegó al 25,5%, solo el 59,6% de las radios respeta la normativa, lo que refleja un estancamiento desde su implementación en 2015.

Los principales obstáculos son la falta de una fiscalización efectiva y la ausencia de un organismo claramente responsable de aplicar sanciones. Mientras la SCD y la ARCHI coinciden en la necesidad de cumplir la ley, apuntan al Ministerio de las Culturas por no asumir un rol más activo. Desde la cartera responden que la ley no les confiere facultades fiscalizadoras y que las denuncias deben ser presentadas por la ciudadanía.

El descontento también alcanza al Congreso. El diputado Alejandro Bernales critica la falta de acción estatal y advierte sobre el riesgo de seguir promoviendo leyes sin mecanismos reales de control. La situación se suma a otros casos similares, como la Ley del Telonero, en los que la falta de supervisión ha mermado su efectividad.

Artistas como José Alfredo “Pollo” Fuentes y Cecilia Echenique, presentes en la tramitación original de la ley, lamentan el incumplimiento y hacen un llamado urgente a que las autoridades actúen. Mientras tanto, iniciativas legislativas buscan reformular la normativa para incluir nuevas cuotas, como la música de raíz folklórica, aunque sin certezas de cómo se controlará su cumplimiento.


Opinión:

Una vez más, los artistas chilenos son pasados a llevar por leyes que, en teoría, deberían protegerlos e impulsarlos. Lo más grave es la total ausencia de fiscalización en normativas clave como la del 20% de música nacional en las radios o la Ley del Telonero. Son leyes creadas a la rápida, sin reglamentos claros ni mecanismos de control, como si su único propósito hubiera sido silenciar la presión del mundo musical en lugar de ofrecer soluciones reales.

Es inaceptable que las emisoras continúen ignorando la cuota mínima de música chilena sin enfrentar consecuencias. Y el panorama no mejora en el caso de las productoras internacionales: muchas prefieren pagar una multa —que ni siquiera se cobra por falta de fiscalización— antes que incluir a un artista local como acto de apertura.

Estas leyes, sin estructura ni voluntad política para ser aplicadas, son letra muerta. Y mientras tanto, quienes sostienen la cultura desde abajo siguen siendo invisibles para el sistema.

Mattias Churruca.

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