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And The Glass Handed Kites: la complejidad invisible

Por SOS Música 05-06-2026 4 min de lectura
And The Glass Handed Kites: la complejidad invisible

Por Carlos Brigo

La primera vez que escuché este disco me gustó. La décima vez empecé a entender lo que estaba pasando. Y veinte años después todavía sigo descubriendo cosas nuevas.

Lo he escuchado muchas veces y sigo encontrando detalles nuevos. Y quizás eso es lo que más me impresiona: la capacidad que tiene este álbum para esconder su complejidad.

Porque técnicamente es un disco muy elaborado.Hay cambios de tempo, transiciones constantes, arreglos que aparecen y desaparecen, capas de sintetizadores, guitarras procesadas, líneas de bajo muy creativas y una batería que en varios momentos hace cosas realmente notables. Sin embargo, nada de eso parece estar ahí para demostrar virtuosismo.

Todo está al servicio de la canción y  eso es extremadamente difícil de lograr. Muchas bandas cuando intentan ser complejas terminan sonando complejas. El oyente nota el esfuerzo. Aquí ocurre lo contrario. Los cambios suceden de manera tan natural que muchas veces pasan desapercibidos. La canción simplemente sigue avanzando y recién después de varias escuchas te das cuenta de todo lo que estaba ocurriendo debajo de la superficie.

Es como observar una pintura de lejos y descubrir, al acercarte, que está llena de detalles ocultos.

La interacción entre batería, bajo y guitarra es una de las cosas que más disfruto del disco. Hay momentos donde pareciera que cada instrumento está recorriendo su propio camino, pero de alguna manera todo converge exactamente donde debe hacerlo.

Y cuando encima aparecen esas capas de sintetizadores y ambientes, el resultado adquiere una profundidad enorme sin perder claridad. Nunca se siente saturado.Nunca se siente excesivo.Todo tiene espacio.

Pero si hay algo que termina de darle identidad a Mew es la voz de Jonas Bjerre.Sinceramente, me cuesta imaginar a otro cantante interpretando estas canciones.Su voz tiene algo frágil y etéreo, casi infantil por momentos, pero al mismo tiempo transmite una melancolía muy particular. Es el elemento que une todas las piezas del rompecabezas. Con otro vocalista, probablemente seguirían siendo buenas canciones, pero no serían Mew.La voz encaja de forma perfecta con el universo sonoro que construye la banda.Y eso no es algo que ocurra todos los días.

Lo que más valoro de And The Glass Handed Kites es que nunca sacrifica emoción por técnica ni técnica por emoción.Logra ambas cosas al mismo tiempo.

Es un disco que puede sorprender a un músico por la calidad de sus arreglos, pero también puede emocionar al público general y  justamente, ahí está su verdadera grandeza.

Dos décadas después sigue sonando fresco, personal y distinto a casi todo lo que apareció en aquella época.No porque busque ser raro, sino porque se atreve a construir su propio lenguaje.

Lamentablemente la banda anunció hace un par de meses su Farewell tour, donde se despedía con varios conciertos alrededor del mundo. No pasó por sudamérica, pero de todas maneras su música ha quedado inmortalizada y se puede disfrutar cuando se quiera. 

Estoy convencido de que este disco crea un ecosistema único: técnica, sensibilidad e imaginación sonora. Cada vez que vuelvo a escucharlo, me convenzo de que Mew es una banda con un lenguaje muy propio.