
TRAGEDIA EN MÉXICO: Berenice Giles y Miguel Ángel Hernández mueren en cobertura del festival Axe Ceremonia
Lo que debía ser una celebración de la música y la cultura se convirtió en una tragedia. El festival Axe Ceremonia, uno de los eventos musicales más esperados en la capital mexicana, fue suspendido este domingo 6 de abril tras un lamentable accidente ocurrido la tarde del sábado durante la primera jornada en el Parque Bicentenario.
Una estructura metálica de gran tamaño, sostenida por una grúa y utilizada como parte de la escenografía del evento, colapsó impactando a dos personas que se encontraban en el área.
Las víctimas fueron identificadas como Miguel Ángel Rojas, de 26 años, y Citlali Berenice Giles Rivera, de 28, ambos fotógrafos que cubrían el festival para el medio independiente Mr. Indie. A pesar de los esfuerzos de los servicios de emergencia, ambos perdieron la vida a causa del impacto.

Según reportes preliminares, la estructura que causó el accidente no figuraba en el plan original de montaje del festival, lo que ha levantado serias dudas sobre posibles fallas en la organización y medidas de seguridad del evento.
De acuerdo con asistentes, estas estructuras eran promovidas como “puntos de encuentro seguro” dentro del Parque Bicentenario por parte de la producción, lo que agrava la percepción de negligencia en su instalación y supervisión.
Además, testigos y usuarios en redes sociales han expresado su indignación, afirmando que el festival continuó durante varias horas tras el incidente, sin que se informara adecuadamente al público, lo que ha generado críticas hacia la organización por una aparente falta de sensibilidad y protocolos ante emergencias.
El equipo de Axe Ceremonia emitió un comunicado indolente y sin asumir responsabilidades.
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Lo que pasó en el festival Axe Ceremonia duele. Duele porque se fueron dos personas jóvenes, talentosas, con toda una vida por delante. Pero duele aún más cuando te das cuenta de que todo esto pudo evitarse.
Berenice y Miguel Ángel no murieron por una fatalidad. Murieron por una cadena de irresponsabilidades, por decisiones tomadas a la rápida, por una estructura que nunca debió estar ahí o, al menos, no sin la supervisión adecuada. Y ese es el verdadero problema: la poca importancia que muchas productoras le dan a la seguridad. Como si fuera un detalle más del montaje. Como si no importara.
En esta industria —porque sí, la música en vivo es una industria— se mueve mucho dinero, mucho talento y muchas personas. Pero también hay mucha improvisación, muchos atajos, muchas cosas que “se ven bonitas” sin preguntar si son seguras. Y lo peor: cuando algo así ocurre, casi nunca hay responsables. Todo se tapa y así, comienza un peloteo que va y viene, donde el otro es el responsable y nadie asume nada, y -por lo general- no hay responsables.
Mientras tanto, seguimos asistiendo a conciertos con estructuras dudosas, instalaciones eléctricas expuestas, salidas de emergencia bloqueadas, y un largo etcétera que normalizamos sin darnos cuenta del riesgo real. ¿Y si mañana le pasa a alguien más? ¿A un amigo? ¿A ti?
Esto no puede seguir así. Las productoras tienen que dejar de ver la seguridad como un gasto o una molestia. Y las autoridades tienen que hacer su pega: fiscalizar, exigir, sancionar. Porque si no hay consecuencias, todo se repite. Y nadie debería perder la vida por ir a trabajar a un festival. Nadie debería morir por ir a escuchar música.
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