Apocalyptica en Chile: Metallica renace entre cellos y distorsión
Fotografía Sebastián López
Reporteo Mattias Churruca
La agrupación finlandesa regresó a Santiago con un espectáculo cargado de intensidad, emotividad y una poderosa reinterpretación del legado de Metallica. Ante un eufórico Teatro Cariola, Apocalyptica demostró que tres violonchelos pueden alcanzar la fuerza y contundencia de una banda de metal.
La noche del viernes comenzó puntualmente a las 20:30 horas con la presentación de El Bosque de los Hualles, banda chilena-rumana de neo/dark folk, encargados de abrir una jornada que tendría a las cuerdas como grandes protagonistas. Con una propuesta acústica compuesta por dos guitarras acústicas, bajo electroacústico, voz y percusión, la agrupación desplegó un repertorio de seis canciones, construyendo una atmósfera íntima, cargada de sensibilidad e intención. Una presentación que, lejos de pasar inadvertida, logró conectar con el público que comenzaba a llegar al Teatro Cariola, preparando el ambiente para lo que vendría después.























A las 21:36 horas, Apocalyptica apareció sobre el escenario y la espera se transformó inmediatamente en euforia. Los primeros acordes de «Ride the Lightning» marcaron el inicio de un espectáculo que recorrió algunas de las composiciones más emblemáticas de Metallica, pero desde una identidad musical completamente propia. La potencia de los tres violonchelos, acompañados por una batería que aportó contundencia a gran parte del repertorio, dio forma a un sonido que transitó entre pasajes delicados, atmósferas envolventes y momentos de una intensidad arrolladora.
Uno de los pasajes más emotivos llegó con «The Call of Ktulu», interpretada como homenaje al fallecido bajista de Metallica, Cliff Burton, cuya influencia fue fundamental en los orígenes de Apocalyptica. El recorrido también tuvo espacio para la energía desbordante de «Creeping Death» y una sorpresa especialmente significativa para el público chileno: «Battery», composición que no ha sido habitual en esta gira y que encontró en Santiago uno de sus escenarios escogidos. Cada interpretación evidenció la capacidad de la agrupación para transformar la agresividad original de las guitarras eléctricas en una fuerza expresiva construida desde las cuerdas.
Hacia el tramo final, «Nothing Else Matters» regaló uno de los momentos más memorables de la noche. Mientras los músicos desarrollaban su interpretación, el público asumió espontáneamente las voces de la canción, coreando a todo pulmón una melodía que terminó por envolver al recinto en una atmósfera profundamente emotiva. La intensidad volvió a elevarse con «Seek & Destroy», antes de alcanzar su punto culminante con «One», encargada de cerrar una presentación que encontró a la audiencia completamente entregada.
Lo de Apocalyptica en el Teatro Cariola fue mucho más que un ejercicio de nostalgia o una sucesión de versiones de Metallica. Fue una demostración de cómo una composición puede adquirir una segunda vida cuando pasa por las manos de músicos capaces de imprimirle su propia identidad.







































